¿Y Ahora qué escribo?
Escribir no es un don de genios, es una facilidad para exteriorizar, a través de la palabra escrita, sentimientos, pensamientos y hasta emociones que guardamos dentro. En la escuela se nos enseña que debemos seguir ciertos parámetros para redactar algo que pueda leerse y pueda ser bien entendido. Estoy de acuerdo, pero eso no es suficiente. Quizá funcione para asuntos académicos, pero no para expresar lo que sentimos realmente.
Cuando alguien quiere comunicar un mensaje emotivo en lo último que piensa es en si está hablando correctamente. En ese momento son las emociones las que gobiernan; es el corazón produciendo palabras que ni siquiera pasan por la revisión del "departamento cerebro". Este es mi caso, no escribo pensando en si el escrito tiene sentido o no, sólo dejo que mi alma y mis dedos se conecten y decodifiquen mis pensamientos.
Ahora usted seguramente se está preguntando: ¿A qué viene todo esto? Pues, le informo que me estoy justificando en este primer post del blog para que después no se decepcione de mí cuando escriba cosas sin sentido para usted, pero que para mí serán de importancia. ¿Por algo las escribo, no?
Bien, ya estuvo buena la introducción (inserte la risa mía que usted ya conoce), ahora a lo que vinimos: A ESCRIBIR. Quiero contarles que esto de escribir siempre me ha gustado. Aún recuerdo la primera vez que leí sobre el gran maestro Colombiano Gabriel García Márquez. Confieso que podría tener nueve años, pero mi alma era mucho mayor, lo que me llevó a querer conocer sus obras. Cuando tuve una en mis manos no quise despedirme de la idea de escribir. ¿La razón? Lo real mágico. Ese hombre era capaz de describir los escenarios más atroces sin que nadie renunciara a la lectura del escrito. Hoy sigue siendo de gran inspiración, pero se le han sumado algunos otros que literalmente me dejan sin aliento cuando leo sus obras.
Por algún tiempo me tomé muy en serio la idea de "escribir para vivir", pero, como usted sabe, soy panameña y eso aquí no funciona del todo. Qué lástima. La cultura de las letras no es bien apreciada en un país donde ya muchos producen literatura maravillosa. Eso sin contar que no soy una eminencia y probablemente lo que escriba no lo quiera nadie ni regalado. Lo bueno es que ahora mi mentalidad cambió y decidí que quiero escribir porque lo disfruto, porque me relaja, porque me proporciona un placer indescriptible, aunque nadie me lea.
Y aquí estoy, escribiendo mi primer post en este blog que no promete nada más que hacerle reír con mis ocurrencias. ¿Sabe qué? No tiene que decirme que le gusta, pero sí le voy a agradecer que me diga lo que no le pareció, pues así podré ver el panorama desde su perspectiva y reflexionar. No sé si eso cambiará mi punto de vista, pero de lo que sí estoy segura es que voy a crecer gracias a sus valiosas opiniones. Le parece si iniciamos este viaje juntos?
Gracias!
Bea
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